Hay momentos en los que la escena se queda en blanco. No sabemos qué decir, hacia dónde movernos o cuál debería ser el siguiente paso. Solemos llamar a eso bloqueo, pero también puede ser el inicio de una escucha distinta.
En nuestra metodología de Teatro Terapéutico, no saber no es un error que haya que ocultar. Es un lugar desde el que observar el impulso, tomar una decisión pequeña y comprobar qué sucede.
La acción mínima
Un paso lento, una mano que se abre o una pregunta dirigida al compañero pueden ser suficientes. La escena no necesita nacer completa. Cuando la acción es concreta, el cuerpo y la relación con el grupo aportan nueva información.
En nuestra metodología de Teatro Terapéutico, la improvisación no consiste en producir ocurrencias sin parar. Es una práctica de presencia: escuchamos lo que ocurre, aceptamos lo que aporta la otra persona y construimos desde ahí.
Crear sin saber no es quedarse inmóvil. Es avanzar con curiosidad, sin exigir una garantía. Una respuesta no siempre llega antes de actuar; a veces aparece mientras caminamos dentro de la escena.