Un personaje no tiene por qué ser una máscara detrás de la que esconderse. Puede ser una puerta. Cuando inventamos una voz, una manera de caminar o una situación, a veces aparecen aspectos que en la vida cotidiana apenas tienen espacio.
En nuestra metodología de Teatro Terapéutico no buscamos diagnosticar a nadie a partir de un personaje. Trabajamos con la distancia creativa que ofrece la ficción. Decir «mi personaje necesita…» puede facilitar una mirada nueva sobre aquello que, dicho directamente, resultaría más difícil.
Una distancia que acerca
La ficción permite probar sin fijar una identidad. Hoy podemos encarnar a alguien que espera; mañana, a alguien que toma una decisión. No se trata de descubrir una verdad única, sino de ampliar el repertorio de posibilidades.
En nuestra metodología de Teatro Terapéutico, el personaje se construye desde la acción: qué quiere, qué evita y cómo se vincula. A través de esas decisiones escénicas se abre una conversación con lo que cada participante reconoce, imagina o desea investigar.
El personaje funciona como espejo no porque devuelva una imagen exacta, sino porque permite mirar desde otro ángulo. En esa diferencia puede aparecer una pregunta valiosa: qué parte de mí necesita hoy tener voz, movimiento o espacio.